La caminata del Mantenedor.

por Alexis Devenin. (PMP, MBA, Ing. C.M.)

Tradicionalmente, el mantenedor encargado de un sector efectuaba diariamente una caminata por la Planta. La observación aguda y el íntimo conocimiento de su área de trabajo, le permitía detectar cambios infinitesimales en las condiciones de los equipos. Con los años esta práctica se ha ido perdiendo en las Plantas productivas.

Un encargado de área con experiencia, al recorrer su sector con calma y atención plena, es capaz de detectar pequeños cambios en la condición de las máquinas y su entorno. Para ello se vale de sus sentidos: la vista, el oído e incluso el olfato. Además de sus sentidos, la percepción holística del entorno, le permite establecer un juicio del estado de las cosas.  

El ruido de un rodamiento con daño, la oscilación de una correa por falta de tensión, una cinta transportadora rozando un elemento estructural, la fuga de aceite de un sistema hidráulico, el sonido de “agua con arena” de una bomba cavitando, los olores de un proceso mal regulado, el aspecto sucio de un área mal mantenida, el sonido seco de equipos mal lubricados, la gotera de agua que cae sobre un equipo eléctrico y el silbido a través de válvulas en sistemas neumáticos acusando una fuga, son solo algunos ejemplos de las condiciones que se pueden detectar en la caminata del mantenedor.

Los sentidos son amplificados o asistidos por algún instrumento, tal como un termómetro de contacto, un pirómetro óptico o un medidor de vibraciones portátil. La inspección no solo es cualitativa. Se revisan manómetros e indicadores de nivel, comparando los valores obtenidos con los valores habituales. Una libreta acompaña al mantenedor para ir anotando observaciones y valores medidos. A partir de esta visita se programan inspecciones, cambios preventivos, reparaciones y eliminación de condiciones inseguras.

¿Puede esto ser reemplazado por tecnología?

La instalación de sensores de monitoreo para el registro continuo de temperaturas, flujos, presiones, vibraciones y otras variables permiten detectar desviaciones o síntomas tempranamente. En esto la tecnología puede ser superior al ser humano y es capaz de identificar y evidenciar un síntoma incipiente mucho antes que los sentidos humanos. Sin embargo, normalmente los sensores se encuentran solo en equipos críticos, no en la totalidad de los equipos, e informan aspectos parciales, sin interpretar el contexto operativo o la totalidad de la situación. No reemplazan por lo tanto la visión holística del conjunto y su contexto. La percepción del ser humano no es reemplazada por la información e interpretación algorítmica de sensores asociados a variables específicas en equipos puntuales. Por lo tanto, el rol del monitoreo continuo es complementario, no alternativo a la inspección presencial por parte del mantenedor.

¿Porqué este hábito está desapareciendo?

Mi apreciación personal, visitando diversas plantas en los últimos años, es que este hábito ha ido desapareciendo o al menos perdiendo fuerza. Pienso que esto está pasando por falta de tiempo y también por motivación.

La falta de tiempo está asociada a una mayor carga de trabajo. Esta mayor carga de trabajo tiene que ver por una parte con un incremento significativo en la cantidad de reportes asociados a los sistemas de gestión. Es decir, el mantenedor pasa un porcentaje muy relevante del tiempo frente a una pantalla de computador y significativamente menos tiempo en terreno. La información es importante siempre que sea utilizada para hacer análisis o gestión, pero muchas veces los sistemas de gestión duplican información, información que se recopila pero que luego nunca nadie utiliza…. Se debe por lo tanto racionalizar esto, ya que tener un mantenedor ocupado todo el tiempo haciendo reportes, pero desconectado de lo que pase en la Planta con sus equipos, constituye un contrasentido.

Por otra parte, la falta de tiempo tiene que ver con la disminución progresiva de la cantidad de personas en los equipos de mantenimiento. En general, la tendencia en las plantas a lo largo de los años ha sido reducir la cantidad de personal. Ello conlleva una mayor carga de trabajo para los que van quedando. La caminata de inspección, para ser efectiva, debe realizarse en una actitud de atención plena, en el sentido del mindfulness [1].

Se debe estar enfocado y sereno, en el aquí y en el ahora. Si a lo largo de la caminata se está pensando en el cerro de tareas que queda por hacer en el resto del día, en la discusión que se viene en la próxima reunión, etc. no se cumplirá el objetivo. Caminar distraído o sumido en cavilaciones no sirve. El exceso de carga de trabajo desincentiva esta práctica o bien anula sus resultados.

Finalmente, la menor motivación estaría asociada a la evolución de las condiciones del trabajo. Hasta hace algunos años, cuidar los equipos a cargo era cuidar el sustento familiar presente y futuro. El trabajador desarrollaba un sentido de pertenencia que se fortalecía con el paso del tiempo. En los tiempos de la modernidad líquida [2], el trabajo se ha vuelto temporal y frágil. Como consecuencia, surge la desafección y el descompromiso. Cuando hay inestabilidad o fragilidad laboral, prácticas como la caminata del mantenedor tienden a debilitarse o extinguirse.

Siempre que sea posible, se debe propender a generar las condiciones que fomenten y no debiliten esta buena práctica de mantenimiento.

Alexis Devenin, enero 2020.
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[1] Como caminar, Thich Nhat Hanh.
[2] Modernidad Líquida, Zygmunt Bauman.

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